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EL IMPOSIBLE ESQUEMA DEL TODO

Una mente humana empeñada en conocer al mundo racionalmente, esta aprisionada entre los huesos de su caja craneana. Los 5 sentidos informan de colores, olores y texturas, pero no auscultan esencias. Lo esencial solo es observable desde sensorialidades meta zoológicas.

Algunos pretenden esquematizar al mundo y su evolución cultural desde una experiencia uniangular, sesgada, aldeana, profesional o asilada en torres de marfil, pasillos de academias o butacones de bibliotecas. Para tener una visión integral del mundo, hay que recorrerlo a la aventura, como lo demuestra la vida de casi todos los pensadores de fondo, que fueron consistentes viajeros e impenitentes curiosos. Pero abrir la mente, ser open mind, puede y suele ser costoso en términos biológicos. En términos económicos, la sustancia gris espiritualizada no pesa y tiene poco valor, por lo tanto el mercader la pone en su tarima a veces pero al final como el comprador común no sabe qué hacer con ella, la pone en el basurero. Sin embargo, de lo desechado, del subproducto, de lo impensado, de la recuperación de lo inusual a última hora ha salido la mayor parte de nuestros valores actuales como cultura.

Desde visiones puntuales, surgen miles de explicaciones desenraizadas, asertivas, nada demostrables, que basadas solo en discursos nos dicen qué hemos sido como sociedades, qué hemos de ser, qué esquema es nuestro inevitable loco destino. Intelectuales con poco contacto con la vida han empedrado las calles de la vida moderna con toneladas de libros, papers, convenciones, congresos terminológicos, discusiones bizantinas, cintillos histéricos. Pierden la mayor parte de su tiempo en delimitar los feudos del saber, su lenguaje y metodología, en mercadear el fraude y sobre todo en marcar su territorio personal  porque lo primero que hacen es reservarse un corral.

Creo que uno de los grandes problemas de esos esquemas del mundo es que se imponen tratar los asuntos a granel, meter lo observado en grandes sacos, y hablar de y en nombre de la humanidad, del pueblo, de la ciudadanía. Son unidades que no existen, son concepciones mentales, pero no reales. Ninguna de esas categorías es un cuerpo que actúa como tal, son meras entelequias para pensar. La humanidad no es un todo homogéneo, ni tiene un criterio sobre nada. El pueblo no es la turba que se reúne en un lugar ni la elite que dice representarlo.

En sentido general, los que somos hábiles con la palabra, tendemos a quererlas utilizar en nombre de grupos, cuando en realidad el significado de cada palabra es interpretado de manera distinta por cada lector, oyente, vidente. Pero el intelectual obvia eso, se coloca en la posición del médium, porque ese es el sueño del intelectual de origen, del hechicero, ser el receptor y enarbolador de la verdad, de la verdad revelada que proviene de unos poderes sobrenaturales, de las que el intelectual pretende tener el privilegio de ser la antena. El intelectual moderno, sigue como el hechicero originario empeñado en ser un aprendiz de brujo.

Ninguna sociedad es una masa de iguales, no es un pueblo o una humanidad, sino son ecosistemas vivos de desiguales interactuantes y cambiantes.  No hay significante ni significado estático en el tiempo y espacio. Las ideas, se organizan en ecosistemas mentales y como todo buen ecosistema vivo, sufre transformaciones graduales imperceptibles para los limitados y abotargados sentidos humanos, pero significativas a largo plazo. Solo mentes muy auténticas y privilegiadas lograran interpretar y expresar la realidad en algunas leyes científicas y reglas morales en un momento determinado.

Las visiones puntuales y sesgadas en ángulo estrecho son las que abundan. Algunos que se creen los hechiceros seleccionados para revelar el significado, se sentirían muy poca cosa si lograran percibir la realidad en ángulo ancho, con visión sinóptica. Porque el mundo, el conjunto de los seres humanos o el cosmos, son holísticos. Un holos que no se ve con ojos. Si no logramos desembarazarnos del sesgo natural del individuo, no le veremos el numen, la esencia, la profundidad del holos.

Casi todos lo que logramos percibir son inmediateces, pero los sistemas cósmicos se mueven en profundidad de manera totalmente diferente a como nos parecen a simple vista o incluso mirándolos con instrumentos científicos diversos. Si el que mira está atado a sus impresiones iniciales, a aquel  imprinting de su niñez, sus observaciones resultaran necesariamente muy  sesgadas, desvirtuadas.

Por otro parte, el observador no se puede permitir la comodidad  de ver y gritar ¡He visto! Tiene que decir ¡Estoy viendo! Porque el cuadro visionado evoluciona, se mueve hacia una emergencia, una evolución cultural, un profundo cambio cualitativo con el paso del tiempo y la acumulación de muchos pequeños, puntuales y hasta infinitesimales cambios cuantitativos.

De lo anterior se infiere que no debemos ni podemos comparar la sociología del ser humano cuasi bestia de la comunidad primitiva,  con la del judío de la época de Cristo, con la del inglés de la época victoriana o con el chino de la reciente emergencia industrial de China. Sí, pertenecen a la misma especie, son Homo sapiens, pero culturalmente pertenecen a distintos estadios, educaciones y contextos, y puede que su comportamiento responda de manera bien diferente ante las mismas situaciones.

Si el lector tiene dudas, vea como el hombre moderno no cabe en los yelmos de los soldados medievales. Pero el crecimiento no fue solo corporal, la esencia del ser humano no es la misma, Con respecto al  sujeto de hace 100 o 1000 años, ha ocurrido una metamorfosis de la esencia del individuo, de la matriz social y de su producto, la moralidad y el alma de los seres humanos. El sujeto es diferente objeto en cada periodo de la historia. La evolución biológica, tiene cambios apenas perceptibles, pero la evolución cultural es acelerada.

El individuo y por integración de estos, las sociedades, han ido emergiendo de una estructura primitiva, brutal, ahora subyacente y latente, que tendía a eliminar con brusquedad toda alternativa compleja apenas surgía, en especial a los genios del pensamiento. Si hoy podemos tener algunos senderos expeditos para los talentosos, al menos en algunos lugares del planeta, es porque trabajosamente hemos construido civilidad.  Y si nos vemos hoy evolucionando culturalmente con más ahínco, ello no fue lo usual antes. En la comunidad o comunismo primitivo, la sociedad era burdo y simple matadero de excepcionales. O tú te convertías en otra hormiga de la colmena  tribal o medieval, o perecías. Solo podían innovar los muy muy excepcionales, favorecidos por alguna casualidad de cuna o de coyunturas circunstanciales. Luego, solo en ciertos periodos casuales o circunstanciales las sociedades se reestructuraban para dejar pasar al talento o no bloquear al genio.

Solo cuando alguna acumulación gradual de genialidades, en sociedades proyectadas al futuro y no al pasado, permitieron una masa crítica mínima de genialidad como acervo cultural, comenzaron los saltos civilizatorios a romper con nuestras raíces zooides, humanoides, atilana, molochiana, azteca, druida, brujera, hitleriana.

Hoy ya no son válidos los determinismos. La aplicabilidad social es negociable, el excepcional no tiene que ser un suicida. Pero mentes que no pueden ser catalogadas como talentosas, pero que suelen estar muy atentas a lo que hacen los otros, se pasean por los salones de faranduleria y congresos del mundo. Se han constituido más como una farándula artística, política, académica que como instituciones de sabios.

Si alguna vez algún posibilismo geográfico, histórico, circunstancial  impuso sus fueros de manera que se puede interpretar como un determinismo geográfico, económico, grupal, eso ya lo ha superado el crecimiento espiritual de la humanidad y la rebeldía de lo más rebelde a la esclavitud: un fuerte espíritu  humano.  Hemos pasado por momentos álgidos de la historia en que algunos seres humanos excepcionales han ocupado posiciones de poder y han  echado a rodar las amplias potencialidades del espíritu, como por ejemplo en la Grecia de Pericles, la Roma de Cicerón, la Venecia de los Medici, la Inglaterra de la Reina Victoria o la Prusia del Káiser Francisco Guillermo.

Es en ciertos periodos y lugares que las sociedades se han sabido reestructurar para dar el amplio paso al genio y es cuando han ocurrido los grandes saltos culturales. La historia no es lineal ni mero fatalismo económico como pretendió Marx, ni fatalismo biológico con  Heidegger, ni fatalismo geográfico con Monroe, ni fatalismo pedagógico de Makarenko, ni  fatalismo mecanicista de Kant¿¿. La historia no discurre por los mismos senderos a través de los siglos. Fue una gesta en el que la masa aplastaba el 99% de las veces al creativo, pero ese remanente del 1% se las arreglaba para mantener viva la llama de la metáfora humanidad.

Por algún designio cósmico, la inteligencia holística y chamánica ha supervivido tantos embates, y hasta a veces se sobrepuso a los impedimentos de la masa-manada. A veces hemos dejado atrás las grandes miserias humanas y al menos durante algún periodo y lugar nos introdujimos en los modos de las altas culturas. Pero fue una dura emergencia desde nuestra miseria biológica. El fatalismo que era el imperio de la inercia de la masa-manada, dejó en algún momento de imponerse todas las veces al excepcional.

En fin, para desvirtuar y reducir todo lo antes por mi dicho a unas simples palabras sobresimplificadoras, la evolución cultural se trata de la alternativa excepcionales vs mediocres, espíritu vs carne, sueño vs salivación.  ¿Cuál de estos será el bueno para un nuevo esquema social? No pretendamos que el esquema sea la realidad, como un  mapa no es un paisaje.  En todo caso, si he enredado tanto mi explicación y tengo que decirlo desde otro ángulo, lo único que he querido decir antes es que cuando nos movemos sobre las arenas movedizas de la ingeniería social, la aritmética bien dosificada es herramienta sabia, pero en sobredosis veneno. Crecimos más desde los sueños de los chamanes que desde los cálculos de ingenieros.

Reducir lo espiritual a lo terrenal es equivalente a pretender que el mapa sea el paisaje. Las cosas del alma son alérgicas a fórmulas.  Tal vez el arte desde  su inicio lo intuye. La ciencia, tan eficiente para otros menesteres, aquí se queda corta. Miguel Ángel lo representó como la mano de Aristóteles, elevándose para tocar la mano de Platón descendiendo desde….